Al menos uno de cada cinco perros tiene dificultades vinculadas con la separación de su familia en algún momento de su vida. Así lo explicó el veterinario y etólogo Jaume Fatjó, especialista en medicina del comportamiento y director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
Fatjó señaló que la intolerancia a quedarse solo, junto con la agresividad, está entre los principales motivos de consulta veterinaria. Los daños que algunos perros provocan en la casa durante la ausencia de sus dueños, explicó, no son un castigo ni un acto de rebeldía, sino una expresión de angustia o frustración.
«Vienen personas que no pueden dejar al perro solo en casa. Lo que vemos es que el perro, cuando se queda solo, tiene una incapacidad para tolerar la separación de la familia, y esto lo manifiesta con conductas de destrozos. No lo hace para castigar a nadie, sino que es pura explosión».
El especialista advirtió que retar al animal o intentar corregirlo sin comprender qué origina esa conducta no soluciona el problema. Para evaluarlo, dijo, hay que considerar el entorno, la historia del perro y sus necesidades particulares.
La raza no determina el comportamiento
Al referirse a la genética, Fatjó mencionó a los border collies, conocidos por su alta excitabilidad. Aunque hay tendencias de comportamiento asociadas con algunas razas, aclaró que también existen diferencias entre perros de una misma raza.
«Siempre tenemos la tendencia a decir que la genética es la raza y no es lo mismo. Sí que hay diferencias de comportamiento por razas, pero dentro de la misma raza hay mucha variabilidad. La raza te explica tendencias, pero no determina cómo son».
Señales de alerta
Los temblores, los gemidos, la agitación constante, la cola entre las patas, las orejas hacia atrás y los movimientos repetitivos pueden ser señales de ansiedad o miedo. El tiempo máximo recomendado para que un perro permanezca solo es de cuatro a seis horas.
En los gatos, algunas señales son explorar menos el hogar, mostrarse más irritables, presentar cambios drásticos en el apetito o alteraciones en el aseo, como dejar de limpiarse o arrancarse el pelo. También pueden marcar territorio con orina.
Reconocer estos cambios puede ayudar a consultar con un especialista y evitar que el cuadro derive en secuelas emocionales permanentes.






