Bahía Bustamante, en la costa de Chubut, nació alrededor de la actividad algüera y, tras el cierre de sus fábricas, encontró una nueva etapa como destino de turismo de naturaleza. El cambio comenzó en 2004, luego de que un derrame de petróleo ocurrido en 1982 afectara el ecosistema y la producción.

Un pueblo construido alrededor de las algas
El asentamiento se encuentra a unos 250 kilómetros de Trelew y a 180 kilómetros de Comodoro Rivadavia, junto a una bahía que originalmente era conocida como “podrida”. La actividad industrial se inició en la península Gravina con Patagonia Comercial S.R.L., impulsada por el dinamarqués Folmer Fauring y el alemán Bernardo Mayer.
En 1952 se incorporó el emprendedor español Lorenzo Soriano, quien promovió la extracción de coloides para cosmética, entre ellos el utilizado en el fijador capilar Malvik. Alrededor de esa producción creció una comunidad que, además de un bar y un almacén, llegó a tener viviendas para más de 400 trabajadores, escuela, iglesia, comisaría, taller, proveeduría y cementerio.
La demanda de agar-agar, destinado a las industrias alimentaria y farmacéutica y a la exportación a Asia, permitió a la firma adquirir 80.000 hectáreas en los alrededores. También se recolectaban algas marinas y se criaban mejillones.

Del derrame a la actividad turística
En 1982, un derrame de petróleo en altamar afectó el ecosistema. La marea negra extinguió el alga Gracilaria y el impacto se agravó posteriormente por la pesca de arrastre industrial. Las fábricas cerraron, se perdió el empleo y las instalaciones quedaron abandonadas de manera paulatina.
A partir de 2004, los descendientes de Soriano transformaron las antiguas instalaciones en un complejo turístico de alta gama para visitantes nacionales e internacionales. En la actualidad, Bahía Bustamante combina esa oferta con su historia industrial y la conservación ecológica.






