El consumo de carne de cerdo en Argentina llegó a 18 kilos por habitante en 2024-2025, frente a los 3 kilos registrados en 1990. El aumento, de seis veces en poco más de tres décadas, fue relevado en un informe técnico del INTA Marcos Juárez.
El estudio fue elaborado por los investigadores Raúl Franco y Jorge Brunori y analiza cómo cambiaron los hábitos alimentarios y la participación de la carne porcina frente a las opciones vacuna y aviar.
«La carne porcina dejó de ser vista como un producto de consumo ocasional o festivo para integrarse plenamente a las preparaciones y a la mesa cotidiana de las familias», destacaron los especialistas del INTA.
Los factores detrás del crecimiento
El relevamiento muestra que el aumento del cerdo se dio en paralelo con una baja del consumo de carne vacuna: del promedio histórico de 52 kilos pasó a ubicarse entre 48 y 49 kilos por persona al año. La carne de ave, por su parte, registra entre 47 y 49 kilos anuales por habitante.
Entre los factores que impulsaron la demanda porcina, el informe menciona que sus precios fueron favorables frente a los de los cortes vacunos. Esa diferencia contribuyó a sostener el consumo en períodos de contracción del poder adquisitivo.
El trabajo también destaca mejoras en los estándares genéticos, que posibilitaron obtener cortes más magros, y una mayor disponibilidad en cadenas comerciales y carnicerías especializadas. En esos espacios se difundieron productos como la bondiola, el matambre, el carré, el pechito y la carne picada de cerdo.
Para los investigadores, el sector aún puede crecer: en países con alto consumo de proteínas, la ingesta de carne porcina oscila entre 25 y 35 kilos por habitante al año.
El informe concluye que la cadena de valor porcina tiene la oportunidad de ampliar la producción, atender la demanda interna y consolidar saldos exportables hacia mercados internacionales.






