El peso de algunas ballenas muertas que llegan a la costa de Puerto Madryn impide trasladarlas: pueden alcanzar las 40 toneladas. Cuando no es posible moverlas, las cuadrillas municipales las entierran en sectores alejados, como Playa Paraná y Cerro Avanzado.
El licenciado en gestión ambiental e integrante de Refaunar Víctor Fratto señaló que el procedimiento toma como referencia normativas de Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos. Explicó que el uso de maquinaria pesada puede dañar los equipos y que el traslado también podría requerir el paso por la zona urbana.
«Cuando un animal, por el porte que tiene, no se lo puede trasladar a un sitio de disposición final, entonces se lo entierra en cercanía. No podés llevarla ni 20 metros, porque no la podés arrastrar ni con 5 máquinas. Las máquinas están tironeando, cortan lingas y se rompen por el peso que tiene el animal», fundamentó Fratto.
Cómo se realiza el entierro
El procedimiento consiste en cavar fosas y cubrir las carcasas con capas de tierra en la misma playa. La técnica busca favorecer la descomposición natural y prevenir riesgos epidemiológicos en espacios públicos. Si las mareas o los cambios del terreno dejan expuestos gases o líquidos lixiviados, los vecinos pueden comunicarse con el 103 de Defensa Civil para pedir que las cuadrillas vuelvan a cubrir los restos.
Análisis de muestras y veda de moluscos
Laboratorios de Trelew y el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), en Mar del Plata, analizan muestras biológicas de ballenatos y ejemplares adultos encontrados en el Golfo Nuevo. Los equipos dirigidos por la Dra. Marcela Uhart estudian toxinas lipofílicas asociadas a la marea roja y la presencia de la bacteria Erisipela.
Organismos científicos descartaron las versiones difundidas en redes sociales que relacionaban las muertes con sonares militares, sismos o trazados de gasoductos, y recomendaron consultar partes oficiales. Por otra parte, la Secretaría de Ambiente mantiene la veda para la extracción y el consumo de moluscos bivalvos en Puerto Madryn y Punta Pardelas, por los niveles de toxinas registrados en los golfos Nuevo y San José.
