Un hombre fue condenado a tres años de prisión en suspenso por abuso sexual simple, agravado por haber sido cometido por el encargado de la guarda de la víctima, su sobrina. La sentencia se conoció en Lago Puelo y fue dictada por el juez penal Carlos Richeri.
La niña tenía ocho años cuando ocurrieron los hechos y diez durante el debate. Luego de analizar las pruebas, Richeri, integrante del Tribunal Unipersonal, declaró al acusado autor penalmente responsable del delito. También le impuso el pago de las costas y pautas de conducta obligatorias, cuyo incumplimiento puede derivar en la revocación de la pena en suspenso.
El magistrado redactó el fallo en lenguaje sencillo para facilitar su comprensión y contribuir a la publicidad de los actos judiciales. En la resolución explicó que buscó que fuera “para que sea claro y comprensible para cualquier persona que lo lea, y así fortalecer el principio de publicidad de los actos del Poder Judicial”. También señaló: “la víctima de este hecho es una niña, que tenía ocho años cuando ocurrió y diez durante el debate. El derecho de los niños, niñas y adolescentes a ser escuchados comprende también el derecho a comprender lo que se decide sobre aquello que les ocurrió. Por eso me propongo que, cuando llegue el momento en que a la niña le sea explicada esta decisión, el texto no constituya un obstáculo”.
Richeri agregó: “Estoy convencido de que una decisión judicial escrita en lenguaje claro no sólo facilita su comprensión, sino que también refuerza la confianza pública en nuestra justicia provincial”.
El fallo incluye como anexo una carta dirigida a la niña. El juez se presentó y le explicó el motivo del mensaje: “Me llamo Carlos Richeri y fui el juez del juicio en el que se trató lo que te pasó. Te escribo porque tenés derecho a saber qué se decidió y por qué, con palabras que entiendas.”
En la carta, describió el trabajo realizado durante el juicio y el criterio que debía aplicar para resolver: “La ley me exige que, para condenar a alguien, esté completamente seguro. Si me hubieran quedado dudas, la ley me obligaba a no condenar. Por eso mi trabajo durante el juicio fue escuchar todo y compararlo”. Luego detalló los testimonios que escuchó: “Escuché lo que vos contaste en la sala donde hablaste con la psicóloga. Escuché a esa psicóloga explicar cómo te vio y qué entendió. Escuché a tu mamá contar lo que pasó esa noche en tu casa. Escuché a una policía que fue a la casa de tus tíos y sacó fotos. Y escuché también a tu tío y a tu tía, que contaron su versión y pudieron explicar todo lo que quisieron.”
El magistrado le contó que, tras tomarse unos días para analizar lo escuchado, llegó a esta conclusión: “lo que vos contaste coincidió con todo lo demás, y las explicaciones que dio tu tío no coincidieron entre ellas. Por eso decidí que pasó lo que vos contaste”.
También le aclaró que la responsabilidad por lo ocurrido corresponde al condenado y que la niña no debía cargar con esa decisión: “A tu tío lo condené por lo que él decidió hacer. Es una persona grande, sabía lo que estaba haciendo, y por eso tiene que hacerse cargo. No lo condené por lo que vos contaste. La decisión la tomé yo, con mi responsabilidad, no con la tuya. Vos contaste lo que te pasó, que es lo que te tocaba hacer, y ahí terminó tu parte. Hay algo más que quiero decirte. Tu tío te pidió que no lo contaras. Cuando un grande le pide a un chico que esconda algo que lo hizo sentir mal, ese pedido no se cumple. No estabas obligada a guardarlo, ni entonces ni nunca”.
La carta también explica por qué la condena no implica que el hombre vaya a prisión. Richeri escribió: “Tu tío no va a ir a la cárcel, y no es porque no te haya creído. La ley dice que cuando una persona nunca antes fue condenada, y la pena es la más baja que la ley permite para ese caso, esa persona cumple la condena afuera, pero con reglas que tiene que obedecer durante tres años. Una de esas reglas es que no puede tener ningún contacto con vos: ni hablarte, ni escribirte, ni mandarte mensajes con otra persona. Si incumple las reglas, la condena se cumple en la cárcel”.
Al despedirse, el juez le dijo: “Tu mamá te enseñó que hay que decir siempre la verdad, y eso te va a servir toda la vida. Ya no tenés que hacer nada más sobre esto. Si alguna vez querés preguntar algo, podés hacerlo a través de tu mamá o de las personas del Servicio de Asistencia a la Víctima del Delito, que te van a acompañar”.
