El ministro de Economía, Luis Caputo, descartó que el resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos vaya a modificar la relación bilateral con la Argentina. Lo planteó durante una conferencia de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).
Caputo dijo que el escenario estaba previsto y que había hablado sobre el tema con el Tesoro estadounidense durante la cumbre del G20. También afirmó que el Gobierno está preparado para operar el próximo año sin depender del respaldo financiero de Donald Trump.
El ministro sostuvo que los fundamentos macroeconómicos del país son sólidos y lanzó una advertencia a quienes busquen generar volatilidad sobre la moneda local: “Si vienen, les vamos a tener que pegar otro cascotazo”.
Al referirse a una maniobra especulativa registrada en 2025, señaló que le permitió al Banco Central obtener US$ 2.000 millones, aunque lamentó que ese dinero no se destinara a la inversión productiva. Además, afirmó que el programa económico respaldó la compra de US$ 16.000 millones sin emisión monetaria y destacó el valor del swap vigente con Estados Unidos.
Sobre el tipo de cambio, rechazó que esté atrasado y definió el tipo de cambio real como una variable endógena, vinculada con la política fiscal y monetaria. Como respaldo de la competitividad del esquema, mencionó los niveles récord de exportaciones.
Caputo ubicó entre los principales obstáculos para la producción los costos financieros y logísticos. Como ejemplo, indicó que una pyme se financia al 80% mientras la tasa de referencia es del 25%. También anticipó que las futuras concesiones viales buscarán reducir entre un 10% y un 30% los costos de transporte.
El ministro desestimó los pronósticos de una jornada negativa en los mercados tras el triunfo demócrata en Estados Unidos. Como señal de la previsibilidad del sistema, mencionó la suba inicial del 1,5% del índice S&P 500.
También afirmó que el crédito no se frena por falta de liquidez, sino por la morosidad y la incertidumbre política. Por último, consideró frágiles los fundamentos de las economías desarrolladas frente a la ortodoxia que, según planteó, muestran actualmente los países emergentes.







